lunes, 8 de febrero de 2010

Alvin y las hijas del jefe

El jefe organiza un paseo a un club al sur de Lima, será un día de confraternidad entre los trabajadores, habrá parrilla, gaseosas, cervezas y será la oportunidad perfecta para liberarse del estrés que se respira en Lima.
Son 10 personas, todos hombres, que esperan que llegue la movilidad para partir al club.
El timbre suena. Piensan “por fin llegó el chofer con el carro”, pero no es así.
Rodrigo abre la puerta y ante él está parado el administrador, un tipo alto, un poco gordo y muy buena persona, sobre todo los fines de mes que es cuando deposita el sueldo; detrás de él aparecen dos señoritas, de 20 y 18 años, con unas faldas muy cortas y unos tops que dejan ver que llevan ropa de baño.
“Mis hijas” dice el administrador.
Nadie las esperaba, todos quedaron mudos, fueron segundos de tensión, seguro que todos querían decir: “que ricas”, pero solo bastaba con mirar al lado de ellas la figura enorme de su padre para pensarlo 2 veces antes de decir algo.
El jefe sale a recibirlas con mucho afecto, resulta que el administrador es tío del jefe y como queda claro el jefe y las chicas son primos.
Rodrigo entiende inmediatamente que lo mejor será no ver con mucha atención al par de jovencitas.
Les informan que la combi llegó y que ya pueden abordarla. Al bajar el jefe anuncia que la nueva mascota de la oficina se encuentra en su auto, un Toyota del año. Todos se acercan al auto para ver al animal pero se llevan una gran sorpresa, la jaula está vacía.
¿A dónde habrá ido el perrito o gatito o que animal trajiste? Le preguntan al jefe
Una ardilla-respondió con entusiasmo.
No hay tiempo para buscarla, el carro los espera.
El paseo se resume en pocas palabras: futbol, piscina, parrilla, futbol y otra vez piscina.
Son las 8 de la noche cuando están de regreso en la oficina y todos van corriendo hacia el auto en donde se encontraba la ardilla. El panorama fue muy feo, los asientos estaban mordidos y la guantera demostraba las evidencias de que había sido atacada por los dientes del animalito.
Han pasado 2 semanas y “Alvin”, es así como se llama la ardilla, ya está perdiendo el temor a la gente y está más tranquila en su jaula.
A Rodrigo le da un poco de pena que Alvin haya sido sacado de su hábitat natural para estar en una jaula en una oficina. Tiene un plan perfecto para liberarlo pero sabe que si lo hace puede perder su puesto de trabajo. Sabe que si quiere mantener su puesto lo mejor es no acercarse mucho ni a Alvin ni a las hijas del administrador.

6 comentarios:

Damian dijo...

una ardilla?
como mascota en una oficina?
en mi chamba habian llamas y vicuñas pero se justificaba es una textil importante. y las chicas mejor pensar q son hombres :)

[MnS] dijo...

¿A falta de botarga, mascota? Jaja.

Saludos.

Lemon Guy dijo...

En mi trabajo es imposible pensar en una mascota, aunque seria d lo mas gracioso ya me alucino respirando el mismo aire q un animalejo que de seguro estaria obeso x q todos lo sobre-alimentariamos.

[ [EBP]] dijo...

jajajaja.. que buena historia tio, ¡libertad para alvin carajo!, ¡no hay derecho!, me apunto para una protesta en pos de su liberación...
lo del "plan para liberarla" me hizo cagar de risa!!

Pumara dijo...

pobre animalito, como q no es muy domestico una ardilla.
y deja de ver a las hijas del jefe que eso... bueno quien sabe a lo mejor si tiene futuro :)

Javier dijo...

una nueva responsabilidad...

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